Parroquia e internet

Estamos en la era de Internet, con su enorme alcance e impacto. La Iglesia no puede quedarse con los brazos cruzados viendo cómo el mundo avanza y progresa.

Ya el Papa Pablo VI afirmó que la Iglesia “se sentiría culpable ante Dios, si dejase de usar los medios de comunicación para la evangelización” (EN n. 45). Más recientemente, el Papa Juan Pablo II definió los medios de comunicación  como “el primer areópago de la edad moderna y declaró que no basta usarlo para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio auténtico de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta “nueva cultura” creada por la comunicación moderna” (RM n. 37).

Estas palabras me hacen reflexionar sobre el esfuerzo que nuestra parroquia ha de hacer en el futuro por conectarse a Internet. Al plantearnos crear una web donde poderse comunicar e irradiarse por el ciberespacio, nos ha hecho caer en la cuenta de algunos principios teológico-pastorales que quiero compartir pocas líneas.

Lo primero que hay que reconocer es que las nuevas tecnologías son también “dones de Dios” para llevar adelante la comunicación y el progreso. Son buenos a priori, “Mirabilia Dei”, como dijo el Vaticano II. Por esta razón nos debemos adaptar a ellas. Debemos conocer y usar su lenguaje. Debemos estimular la comunicación con los diversos canales.

El referente de nuestra comunicación siempre es Dios que se manifestó en Jesús de Nazaret. Por su Encarnación, Él se incultura entre nosotros. La inculturación (entrar dentro de una cultura) es un requisito para una buena cevangelzación . Cristo al hacerse hombre se adapta a nosotros para tener una mejor comunicación con nosotros. Debemos ser una continuación de Cristo, comunicadores cristianos. De esta forma haremos el mensaje más cercano a la vida, más accesible a todos. Este es el gran objetivo de la evangelización.

El símbolo, la narración y la imagen que se usan en las nuevas tecnologías tienen la posibilidad de llegar a la imaginación y al corazón, y liberan al hombre invitándolo a niveles más profundos de escucha. Es el papel de la poesía: da qué pensar, hace despertar el sentido del misterio y el deseo por algo más.

Una última reflexión me lleva a advertir el peligro que tiene la tecnología de la comunicación: de fiarse más de los medios especializados que del mensaje. La comunicación es más que dar muchos datos. No basta con informar. Los medios no suplen la calidad humana de la comunicación, la enriquecen y la complementen, pero no la sustituyen.

La gente marginada y reducida a la soledad y al silencio está necesitada de que la comunidad cristiana le dé creativamente esperanza, de que le haga sentir calor humano y solidaridad, de que le haga sentir el amor de Dios.

Quiero con esto decir, que la relación interpersonal, que una comunidad eclesial ha de trabajar y cultivar en la parroquia, es de una importancia capital, y esto ayudará además a salir de una hipnosis mediática que viven muchas personas hoy en día. Hemos de cuidar la imagen, pero sin descuidar la fuerza de la palabra personal, apasionante y convincente del testigo.

Aurelio Ferrándiz García

Cura Párroco