Solemnidad de los Todos los Santos. «La salvación es de nuestro Dios»

Aurelio Ferrándiz García

La vida de los pueblos está llena de héroes anónimos, también en nuestras familias hay héroes anónimos. Madres y padres que silenciosamente cumplen incluso más allá de su deber, hasta entregar sus vidas día a día. La Iglesia celebra en esta Solemnidad de Todos los Santos a sus héroes anónimos e invita a seguir su ejemplo.

Celebramos la santidad de estos hombres y mujeres, y la celebramos como cosa nuestra, porque en la santidad no somos espectadores sino protagonistas comprometidos. Desde el bautismo estamos todos llamados a ser santos, a reproducir la vida de Jesús en nuestra propia vida.

Tres aspectos sobre la santidad nos señalan las lecturas de esta liturgia: el camino, la fuerza y la meta del camino.

  1. El evangelio de las Bienaventuranzas es el CAMINO

“Bienaventurados los pobres en el espíritu…”

Las Bienaventuranzas proclaman un estilo de vida que se presenta como un camino que día a día nos hace vivir al estilo de Dios y encontrar la santidad. Ponemos la santidad tan alta y tan lejos que parece que sea inaccesible para nosotros. Sin embargo, las bienaventuranzas es un camino de felicidad y de dicha, no en las situaciones de riqueza, de poder y de placer, a las que acceden unos pocos “privilegiados”, sino en aquellas situaciones más difíciles de la vida en la que nos encontramos la gran mayoría. 

Jesús anuncia la felicidad y la bienaventuranza para aquellos que son capaces de vivir abandonados en Dios en medio de los problemas más grandes de su vida, aquellos que ven la voluntad de Dios y la aceptan, no cuando todo va bien y todo nos sonríe, sino en las situaciones más desdichadas y “desgraciadas”, en las cuales y a través de las cuales, seguimos viendo la mano amorosa de Dios.

Hombres y mujeres que han sido pobres, pero que no se han asustado de su pobreza porque han buscado por encima de todo la riqueza de Dios. Han sido pacientes en la dificultad, sin amargarse, ni amargar. Han madurado en el sufrimiento y han ayudado a los que sufren.  Son situaciones comunes para todos los mortales, sin brillo ni resplandor especial, pero que las vivieron con la fe y la esperanza puestas en Dios; no se desesperaron sino que reconocieron siempre la mano de Dios. Con su esfuerzo, hecho de aceptación, abandono y entrega a Dios, se empeñaron en que este mundo fuese como Dios lo sueña.  Sus ojos y su corazón fueron limpios, por ello vieron en todos los momentos y circunstancias de su vida a Dios. Por su fidelidad a Dios encontraron muchas dificultades y persecuciones, pero no renegaron de Dios, ni se volvieron atarás. Este fue su camino. Los hombres creían otra cosa, pero Dios los llamaba felices. Ellos se habían fiado de Dios.

  1. Abandonarse en Dios Padre es La FUERZA para el camino

“Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios”

En efecto, el camino de las bienaventuranzas es imposible de recorrer si no se descubre a Dios como aliado y compañero. Las bienaventuranzas más que una conquista es un regalo, el regalo de descubrir a Dios como Padre en todas las situaciones y circunstancias de mi vida. La santidad comienza cuando uno se descubre en su pobreza y miseria que le rodea como hijo amado del Padre amoroso: “Ahora somos hijos de Dios”.

Aunque la vida se les presenta difícil, la fe les dice que Dios es siempre Padre. He aquí, pues, el secreto de toda santidad: saberse hijo de Dios que te empuja a cualquier aventura de aceptación y entrega. Es Dios quien tiene siempre la primacía, el que da el primer paso: “Nadie viene a mí si el Padre no lo atrae”.

  1. La META del camino es el cielo como término

“La victoria es de nuestro Dios”

El Apocalipsis nos describe el final de nuestro camino, la meta esperada, es Dios mismo. Es la tierra nueva, sin llanto ni dolor, donde ha desaparecido todo mal, la fiesta que no acaba en la que seremos recibidos como la novia engalanada. El cielo es Dios.

La fiesta de hoy nos revela algo muy hermoso, que esta meta, que es Dios como cielo, no es para un número pequeño y restringido sino para “una muchedumbre inmensa…hombres de toda raza, lengua, color… con vestiduras blancas” ¿Quiénes son estos? Pecadores, pero que se acogieron a la misericordia de Dios, pecadores perdonados.

También la meta es regalo de Dios, porque es Dios mismo. Puede parecer todo esto algo difícil, pero es obra de Dios, sólo él tiene capacidad de “hacer nuevas toda cosas”. Y la santidad es la obra inmensa y excelsa de Dios en nuestra vida.   

Homilía Domingo XXX del Tiempo Ordinario, ciclo A. Amar es lo primero

 

Aurelio Ferrándiz García

Parroquia Sagrado Corazón de Jesús

Le preguntan a Jesús cuál es mandamiento principal entre tantos mandamientos y prohibiciones de la ley judía. En efecto, el pueblo de Dios tenía unos 613 preceptos (248 positivos y 365 negativos, tantos como días tiene el año). La gente sentiría agobio y  cansancio con tanto mandamiento. Por ello le preguntan a Jesús  para que se declare ante  esta maraña de obligaciones. Además, todos tenían la fuerza de Dios porque formaban parte de la ley de Dios. No era fácil decir a unos sí y a otros no, porque todos eran sagrados y procedían de Dios.

Estando así las cosas, le preguntan a Jesús cuál es el mandamiento principal. Y Jesús contesta poniendo en primer lugar el amor. Es como si nos diera la clave para entender y vivir todos esos mandamientos. En primer lugar amar, amar a Dios y al prójimo. Solo quien ama puede conocer el sentido de todos estos mandamientos que se han de cumplir desde el amor. Jesús nos ofrece una nueva perspectiva para colocarnos ante lo mandado y lo obligado. Es como si nos dijera: no hagáis las cosas porque están mandadas, no cumpláis como siervos, sino haced las cosas por amor, como las hacen los hijos.

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Homilía Domingo XXIX del TO. Dios conduce la historia

Aurelio Ferrándiz García

Parroquia Sagrado Corazón de Jesús

Muchas veces suceden cosas en nuestra vida en las que no encontramos explicación inmediata. Quisiéramos darle una explicación humana o política pero no es suficiente, hace falta una explicación religiosa. A primera vista nos resultan extrañas y hasta nos confunden, pero cuando encontramos la calma necesaria y la luz de la fe, que ilumina nuestra mente, descubrimos que es Dios el que conduce nuestra historia y nuestros pasos. Es lo que le sucede al pueblo elegido, que llegó a reconocer la mano de Dios en la actuación de Ciro, elegido para doblegar a las naciones.

Ante la pregunta que le plantean a Jesús con mala intención, él ofrece una respuesta religiosa. Es Dios el que tiene el primado en la vida de los hombres, y todo lo que hagamos que tenga a Dios por meta. “A Dios lo que es de Dios”. Todo se lo debemos a Dios, todo ha sido conducido por Dios. A partir de aquí, lo demás encuentra su justo sentido. Cumpliendo con Dios, dando a Dios lo que es de Dios, realizaremos bien las demás tareas, podremos cumplir con todos los demás compromisos.

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