Homilía Domingo XXIX del TO. Dios conduce la historia

Aurelio Ferrándiz García

Parroquia Sagrado Corazón de Jesús

Muchas veces suceden cosas en nuestra vida en las que no encontramos explicación inmediata. Quisiéramos darle una explicación humana o política pero no es suficiente, hace falta una explicación religiosa. A primera vista nos resultan extrañas y hasta nos confunden, pero cuando encontramos la calma necesaria y la luz de la fe, que ilumina nuestra mente, descubrimos que es Dios el que conduce nuestra historia y nuestros pasos. Es lo que le sucede al pueblo elegido, que llegó a reconocer la mano de Dios en la actuación de Ciro, elegido para doblegar a las naciones.

Ante la pregunta que le plantean a Jesús con mala intención, él ofrece una respuesta religiosa. Es Dios el que tiene el primado en la vida de los hombres, y todo lo que hagamos que tenga a Dios por meta. “A Dios lo que es de Dios”. Todo se lo debemos a Dios, todo ha sido conducido por Dios. A partir de aquí, lo demás encuentra su justo sentido. Cumpliendo con Dios, dando a Dios lo que es de Dios, realizaremos bien las demás tareas, podremos cumplir con todos los demás compromisos.

Entre la autoridad del César y la autoridad de Dios no debe haber conflicto ni confusión. “Al César lo que es del César” está diciendo que la autoridad del emperador es parcial, hay que darle cuanto sea suyo, todo lo que le pertenece, pero solo eso.

Vemos, pues, que Jesús no entra en el terreno de la política, sino que lleva a sus interlocutores al ámbito de la religión: “A Dios lo que es de Dios”. Y desde la relación que mantenemos con Dios debemos resolver todos los problemas y comprometernos por el bien común.

Jesús aprovechó aquella pregunta difícil y espinosa para afirmar los derechos de Dios sin negar los del César. Pero colocando a cada uno en su puesto. Aun siendo difícil cumplir con el César, todavía es más difícil cumplir con Dios, porque siempre estaremos en deuda con él. Esto es lo que nos debería preocupar: reconocer que todo es de Dios y que estamos siempre en deuda con él. El tributo a Dios es de adoración y culto, es principal, sin negar la obligación con el César que es de otro orden.

  1. La salvación de Dios es totalmente gratuita

 “Te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque no me conocías”

Dios se sirve de todo para llevar adelante su plan de salvación, se sirve incluso de un instrumento pagano, como es Ciro, para liberar a su pueblo de la deportación en Babilonia y dejarlo volver a Israel y restaurar el culto en Jerusalén. Es Dios quien conduce la historia y lo hace a su modo: gratuitamente. No está en deuda con los suyos, y por ello se sirve de un mediador que no es creyente, de un pagano que no conoce el nombre de Dios. Reflexionemos cómo Dios ha conducido nuestra vida, como él ha querido y se ha servido de tantas personas a nuestro alrededor para traernos su salvación, para que sintamos que él no se olvida, que está siempre con nosotros.

  1. Vivir con fe, amor y esperanza nuestra vida cristiana

“Sin cesar recordamos la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza”

El apóstol comienza su carta a la Iglesia de Tesalónica reconociendo que aquella comunidad vivía su elección divina con fe activa, con un amor que se esfuerza y con esperanza que aguanta. Timoteo le había informado que aquella comunidad funcionaba bien, se habían apaciguado las aguas y Pablo da gracias por la fe, el amor y la esperanza.

Aquí tenemos las actitudes esenciales de un cristiano. La fe nos da confianza en Dios en medio de las dificultades y pruebas, el amor nos hace crecer como cristianos unidos a Dios y la esperanza nos empuja hasta alcanzar la meta en Dios.

  1. Ver las cosas desde Dios

“Pues dad al César lo que es del César y  a Dios lo que es de Dios”

Jesús da una respuesta difícil de explicar, parece que es tan política como religiosa, contenta a unos y a otros. Pero si nos fijamos bien, la respuesta de Jesús es más religiosa que política. Al decir “dar a Dios lo que es de Dios” está resituando y colocando todo en esta vida desde la perspectiva de Dios. De Dios es todo y todo se lo debemos devolver a él. El César es relativo, y los problemas terrenos  tienen solución con el esfuerzo y el empeño de los hombres, se trata de la política, también buena y necesaria en la vida. Pero Jesús al añadir la sentencia “a Dios lo que es de Dios” no pone en el mismo nivel que el César las cosas de Dios. Si la autoridad del César es relativa, la autoridad de Dios es absoluta, porque de él lo hemos recibido todo. Se trata de la dimensión religiosa de la vida que debería importar más en el momento actual.