Homilía Domingo XXVII. Somos propiedad de Dios

Aurelio Ferrándiz García

Un domingo más el Evangelio nos habla de la viña para recordarnos la relación de Dios con los hombres. Jesús utiliza una comparación muy conocida en el mundo bíblico. Dios es el propietario de la viña y el pueblo elegido es la viña de Dios, destinatario de todo el cuidado y la predilección de su amo. Los profetas son los enviados de Dios para recibir el fruto, y los viñadores asesinos los dirigentes de la religión judía, que de trabajadores se quieren convertir en propietarios. El hijo enviado es Jesucristo, el Hijo de Dios, asesinado fuera de la viña. La parábola describe la historia de la salvación en su desarrollo trágico por parte de los hombres que no han aceptado el designio de Dios.

La enseñanza fundamental que se desprende de esta parábola narrada por Jesús es descubrir que somos propiedad de Dios por derechos de creación y de redención. Él nos ha creado, nos ha guiado, nos ha salvado. La parábola nos recuerda la preocupación de Dios por los hombres, la fatiga de Dios por cuidar de los hombres hasta el extremo de enviar a su propio Hijo al mundo. ¿Cómo acogemos el cuidado de Dios por nosotros, cómo acogemos a su Hijo enviado para recoger los frutos debidos?

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Homilia Domingo XXVI del Tiempo Ordinario. Entre el dicho y el hecho hay mucho trecho

Aurelio Ferrándiz García

No nos podemos contentar con una religiosidad que cuida muy bien las palabras y no aterriza en hechos. A Jesús nunca le convenció esta religiosidad, muy propia de sumos sacerdotes y ancianos de su pueblo. Creemos que podemos salvarnos por tener bonitas palabras en la boca, manejar con soltura la palabra de Dios, encontrar palabras para todas las circunstancias y momentos difíciles, pero sin hechos ni obras que acompañen nuestra vida. Hace falta la conversión y arrepentimiento para que las palabras bonitas desemboquen en obras y gestos de amor.

Jesús advierte con esta parábola de los dos hijos la diferencia que existe entre el dicho y el hecho. Un hijo no quiere ir a la viña, lo dice con palabras, pero después lo piensa bien, se arrepiente, y sí va a la viña a trabajar. El otro hijo le dice sí enseguida, con buenas palabras, pero después no va a trabajar a la viña. Al padre le agradó el hijo que finalmente fue a trabajar a la viña. Porque los hechos valen más que las palabras y verifican el valor de las palabras.

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Homilia domingo XXV del Tiempo Ordinario. «Dios es muy distinto»

Aurelio Ferrándiz García

Parroquia Sagrado Corazón de Jesús

Tendemos a imaginarnos a Dios a nuestra manera. Pero Dios es muy distinto. Jesús es criticado por su comportamiento con los pecadores y los últimos, se acerca a ellos, los invita a sentarse, a comer con él.  Para salir al paso de estas críticas, Jesús narra esta parábola tan rica en contenido en donde se revela una imagen de Dios totalmente sorprendente, hasta escandalosa, según la manera humana de entender la religión.

Con facilidad creemos que la religión es como un comercio, a tanto trabajo tanto salario, a tal sacrificio tal recompensa. Pero no caemos en la cuenta de que para Dios no valen nuestros cálculos mezquinos. En la religión, lo más importante no es lo que nosotros hacemos por Dios, sino lo que Dios hace por nosotros. La recompensa es precisamente haber podido trabajar por Dios, que él nos haya llamado a trabajar en su viña, sin que nosotros lo hayamos merecido de nuestra parte. Dios no está en deuda con nosotros, hagamos lo que hagamos, somos nosotros los que estamos en deuda con él. Dios es dueño de su generosidad y nosotros no podemos ni debemos controlar su forma de pagar y de recompensar. Él es dueño de sus asuntos.

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